Entiendo que quieras. Entiendo que no puedas. No entiendo que no lo intentes.

  Siempre dije que la vida es todo lo que uno no espera que suceda, y justamente, es a esas vicisitudes a las que no estamos preparados. Pero, sin embargo, siempre se aprende algo, o al menos, a esa idea nos aferramos cuando las cosas se salen del curso de lo que deseábamos que fueran. A veces me pregunto si fuimos tan pequeños dentro de situaciones tan grandes, a veces me pregunto si debo hablar en plural, cuando cerraste las puertas y ventanas a todas las posibilidades con las que mi corazón se despertaba todos los días.

  Sin esfuerzo te anidaste en él, te quedaste, ahí estás, hasta ahora, inamovible, como si un raro y potente hechizo haya descendido sobre mi impidiendo que te pueda quitar. La pregunta es, ¿Realmente quiero hacerlo? ¿Por qué guardo esperanzas cuando me dejaste sin ninguna? Es simple, el corazón no entiende de razones, para el corazón nunca hay despedidas cuando se quiere, pero el corazón, también debe resignarse y aprender que por más que haya entregado todo, hay cosas que no son recíprocas. Deseaste tanto un cuento de príncipes azules y princesas encantadas que no consideraste la opción de que podíamos haber vivido una historia nunca antes contada, y por lo tanto, mejor que las ya conocidas y viejas anécdotas en las que ya se conocen los hechos y los desenlaces todo en la más suma perfección… en las que las princesas simplemente esperan y de por sí son de ensueño y magnificadas; pero la vida en su plenitud, es inesperada, a prueba, midiéndonos todo el tiempo, permitiéndonos cometer errores y aprender de ellos, y a veces volvemos y volvemos a lo mismo, pero comprendí que no es menos el que se equivoca, sino el que lo hizo y se llena de valor para seguir en el curso de las cosas, la vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo de ella.

    En las mañanas no resulta complicado, las actividades, las tareas, las obligaciones que nos alejaron, pues, siguen, y hoy me invitan a tener la mente algo distraída, distraída de vos. Pero las noches no se compadecen, tu recuerdo aparece sin esfuerzo.

  Hoy mantengo los mejores recuerdos, fuiste el amor de mi vida en el sueño dentro del sueño, y no pretendo que las cosas sean recíprocas, pero debo ser sincera conmigo misma y con mis sentimientos.

  Duele hablar en pretérito cuando semanas atrás hablábamos de un presente, duele llamarte amigo cuando nos llamábamos; amor, darling, dear, vida, entre otras palabras que resuenan al vacío, pero siguen impactando hoy. Dice una canción que escucho a diario: el dolor es pertinente, también lo creo así, me recuerda la forma en que te supe querer, que te sé querer, que nos miramos en ese lugar de cafés y alfajores, que nos hablamos y las palabras flotaban entre nosotros, pero que hoy me recalcas que fue en la fugacidad de las cosas que se hacen rutinarias… entendido.

  Entendimos que pertenecemos a mundos y vidas diferentes y no encontramos el nexo que pueda unirlos y cerramos las posibilidades de encontrarlas.

   Algunas veces me pregunté si podía llegar a querer tanto, hoy mi pregunta tiene respuesta: claro está que si, lo descubrí el día que te conocí, pero en el amor, también uno debe aprender a querer en libertad, cuando la más profunda ausencia no significa no quiero saber de ti, sino, Lo quiero a usted, pero comprendí que está mejor sin mi.-

No sé si lo quise, no sé si me quería, o tal vez, nos quisimos demasiado los dos…

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