Nuestras narices rozaron,

oí sus suspiros

y pude sentir

que alguien me quiso

sin decírmelo.

 

Sus dedos se deslizaron

por mis mejillas,

se acurrucaron

buscando eternizar

ese instante.

 

Sus ojos no se abrieron

no necesitaba mirarme,

tenía mi corazón

y el lo sabía.

 

Sus brazos se abrieron

para abrazarme,

me sentía segura,

yo lo amaba.

El también me amaba,

pero se conformó.

 

Tanto lo quise,

que no me restringí

de demostrarle.

Tan seguro se sintió él

que se olvidó de cuidar ese amor,

tanto lo busqué

que llegó el momento

en el que me cansé.

 

Me alejé,

y tardó en darse cuenta

de lo que estaba ocurriendo,

cuando sucedió,

aún lo quería

pero ya no lo amaba.

 

Se conformó,

pensó que yo estaría ahí siempre,

no me buscó,

y me cansé de esperar.

 

Cuando lo hizo,

ya fue tarde para valorar

todo el amor que le ofrecía

y el tiempo que se fue

para no regresar.

 

Atesoró los momentos

pero tarde,

se jactó de conocerme

más que nadie

pero cuando mis ojos

solo conocían los suyos,

no me valoró.

 

Y juró amarme más que nadie

pero sus acciones resaltaron

más que sus palabras

y ya no me quedaron fuerzas

para resguardar ese amor,

que en ese momento

en él brotaba,

ante la despedida,

ante la desesperación,

de saber que yo me iba

y el no no podía decirme adiós,

de saber que mi amor

por el moría

y en él renacía.

 

De saber que un día lo Amé

y por considerar el

otras cosas como más importantes,

llegó el día en que me perdió.

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9 comentarios en “Tarde

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